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miércoles, 7 de junio de 2017

¡Gracias, Isidro!



Hoy hay blog gracias a Isidro, uno de los Oficiales del Vizconde. Entre las tareas habituales y las de los últimos días de campaña hoy ha sido un día muy intenso. Acabamos de subir a bordo el lance número 100, si todo va bien, en 16 lances estaremos de vuelta a St. John’s. Esta mañana hemos conseguido además una captura récord de fletán negro para esta campaña. En definitiva, estamos muy cansados pero al menos el día ha sido muy productivo.

Salvo para el blog. No he tenido tiempo de hacer fotos, que es lo que me va dando la pista para el texto. Estaba pensando que no me iba a quedar más remedio que buscar tiempo para hacer fotos cuando ha entrado Isidro de guardia para su turno de cuatro horas. En ese rato ha habido que atender dos lances y como coincide con cambios de turno en el parque de pesca y en cubierta siempre hay bastantes visitantes revoloteando por el parque, pero entre unos y otros ha habido media hora de paz (paz en el puente, no para Isidro) e Isidro, que es muy paciente, ha aguantado estoicamente el chaparrón de preguntas que le ha caido sin previo aviso. Y además me ha dado fotos.

Tráfico en el Gran Banco. Foto: Isidro Patiño


Y es que Isidro estuvo pescando bacalao a finales de los 80 en una pareja. Las parejas eran barcos gemelos, diseñados para faenar juntos. Cada uno llevaba un aparejo que requería ambos barcos para hacer la maniobra, así que os podeis imaginar el área que barría. Al final de la maniobra la captura sólo podía ir a uno de los barcos, así que un barco hacía el lance de día y otro el de noche. Los lances podían durar 9-10 horas más las dos de la maniobra, que no era fácil.

Me dice Isidro que las campañas eran de 4-5 meses, que pasaban en casa tres semanas y otra vez de vuelta al Gran Banco.  

Uno de los componentes de una pareja.


Los barcos tenían el diseño clásico, con el puente a popa, al contrario que los arrastreros modernos. En la foto del barco veis que entre mástiles hay “cuerdas”, son los estays, y sujetan las pastecas (poleas para nosotros los terrícolas) con las que se viraba el aparejo, que se subía a bordo por babor o estribor. En el costado por el que se viraba el aparejo estos barcos tenían una apertura llamada “bañera”, contigua al pantano y en la que se metía la captura. Su fondo quedaba por debajo de la cubierta principal. Entre esta “bañera” y el pantano se abría una compuerta para que el pescado llegase al parque de pesca.

En el parque había una máquina fileteadora, dos túneles de congelado, una peladora de raya y dos máquinas de abrir pescado. En un buen lance se podían pescar 14-15 toneladas de pescado, que procesaban los 14 marineros de cubierta. El bacalao lo descabezaban a mano 2-4 marineros y otros se encargaban de las máquinas. Había además un contramaestre de cubierta, uno de salado y otro de frío. En cocina había dos personas, seis en máquinas -dos de ellos oficiales- y en el puente dos oficiales y un timonel.

Dice Isidro que cuando entraba un buen lance apenas se dormía hasta que estuviese todo el pescado procesado. Con suerte podían dormir 4 horas de un tirón, y dejaba de haber día y noche, horas de comer o de cenar. Esto último no ha cambiado en los pesqueros comerciales. Los cocineros tenían sus horas para servir una comida y una cena pero entre horas no había nada, al contrario que en nuestro Vizconde, que siempre hay algo que picar. Allí eran los propios marineros los que tenían que cocinar cuando necesitaban una comida a deshoras. Y cuenta Isidro que lo hacían fenomenal.

Tenían además los percances habituales con el aparejo, que sufría roturas habituales y había que atar en cubierta. Con el frío que pasan nuestros marineros ahora en mayo no quiero ni imaginarme lo que debía ser pasar horas en cubierta en pleno enero. Y tampoco había las exigencias que hay ahora en lo que se refiere a equipos de protección individual. No llevaban chaleco salvavidas, ni casco. Había marineros que usaban cascos de moto con pantalla pero para guarecerse del frío. Aprovechaban el tiempo de la maniobra para ir picando con martillos de madera el hielo que se formaba en cubierta, y ocasionalmente había que salir a picarlo para evitar accidentes. Dice Isidro que la temperatura mínima que el vivió aquí fue de -21ºC. Las condiciones a bordo tampoco eran muy confortables: dos baños para toda la tripulación, un camarote para seis, otro para cuatro y uno para dos personas, más tres individuales para los oficiales y el pesca, que es el tripulante que hacía las maniobras. Tengo entendido que esto tampoco ha cambiado, y me han hablado de algún barco moderno con camarotes para ocho hombres.

Isidro me recuerda que tengo que hablar de Toby, un perro que hizo alguna campaña con ellos. Era propiedad del pesca pero le gustaba mucho estar en el puente con Isidro. Espantaba a las aves y ladraba a los marineros que llegaban tarde a su turno. Esto de los animales a bordo se ha terminado por la complicación que supone viajar al extranjero con mascotas, pero antes era habitual. Cuando Toby dejó de embarcar le sustituyeron tres gatos.

Toby, el perro marinero


Así que la próxima vez que te parezca un suplicio madrugar para ir a trabajar o que te sientes delante de un plato de pescado piensa en el trabajo que está haciendo la tripulación del Vizconde y por supuesto las tripulaciones de todos esos pesqueros.

¡Muchas gracias, Isidro!

Invierno en el Gran Banco.

3 comentarios:

  1. UN Relato muy bonito sobre las experiencias de Isidro. Como dice el dicho. "Y luego dicen que el pescado es caro". Bueno ya vemos el final de la campaña y enseguida en casa.buena suerte.

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  2. Gracias a Isidro por compartir esas fotos y su experiencia.
    Qué duro era (es) faenar en alta mar...

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  3. Felicidades en el día de los Océanos por vuestro trabajo!

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