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viernes, 27 de mayo de 2016

Shackleton

Calma chicha desde ayer por la tarde, sol durante todo el dia, una comida estupenda rematada con un postre de chocolate delicioso… y nos pagan por esto!

No os creais que estamos mano sobre mano a pesar de todos estos lujos. Esta mañana se han instalado las básculas y esta tarde hemos tenido una reunión de trabajo.

Saludos a Bernardo y Santi, que desgraciadamente no están a bordo este año. También hemos tenido noticias de Gonzalo, que dice que la tórtola es una tórtola turca. Nos han escrito desde la SEO para darnos un enlace donde registrar la golondrina. Por cierto que Eva, que estará a cargo del CTD, se ha enterado de que fue anillada en Hiddensee y Juan me confirma que allí hay una Estación Ornitológica.

El parque de pesca listo para el asalto

Se acabó el solecito


Pero hoy voy a dedicar el blog a Sir Ernest Shackleton. Este mes de mayo se cumplen 100 años de la hazaña marina más increíble de la historia de la navegación y aunque la fecha real del evento fue el 16 de mayo me resisto a no hablar de él.

La exploración polar a finales del s XIX y principios del XX es fascinante. Tengo una colección de libros sobre el tema bastante decente, la mayoría los diarios de los propios participantes, biografías e incluso libros de fotos. Empecé a leer sobre el tema después de que mi amigo Alex me pegara el “virus antártico” cuando estudiábamos Biología. Hay muchas expediciones y exploradores memorables pero mi favorito con diferencia es Shackleton.

Shackleton fue el mejor explorador polar de la historia. Dedicó la mayoría de su vida activa a la exploración Antártica, y de hecho falleció en Georgia del Sur, a bordo de su barco Quest, de camino al continente en la tercera expedición dirigida por él. Nunca consiguió cumplir sus objetivos pero –y aquí radica su grandeza- nunca perdió un hombre. En su primera expedición, que perseguía llegar al Polo Sur, se dio la vuelta a menos de 200 km del Polo. Haber intentado llegar habría supuesto perder el Nimrod, cuya partida a Nueva Zelanda estaba prevista en marzo para evitar verse atrapados en el hielo durante todo el invierno. Continuar era también arriesgar la vida del equipo, porque ya habían recortado las raciones de comida y siguiendo la tradición Victoriana de ignorar el conocimiento acumulado por culturas habituadas a la vida en el hielo pero consideradas menos “avanzadas” que la sociedad occidental, iban arrastrando todo su equipo en pesados trineos.

Porque si mirais un mapa de la Antártida, igual os imaginais una gruesa capa de hielo homogeneizando el terreno, pero esta impresión es errónea. Hay rangos montañosos muy elevados, donde elevaciones de 4000 m no son raras, como Monte Vinson. Y luego están los mares helados. Cuando el mar se congela, las corrientes siguen activas bajo el hielo, creando diferencias de presión que acaban por romperlo y amontonarlo, creando una superficie muy accidentada que puede ser incluso impasable. En el continente hay también glaciares, llenos de grietas y fisuras. Ahora imaginaos que os vestís en varias capas de ropa muy gruesa y pesada y que teneis que tirar de un trineo que pesa varios cientos de kilos con todo lo que vais a necesitar para tres meses. Esto es lo que hicieron estos hombres.

En fin, que Shackleton tuvo un recibimiento –merecido- de héroe cuando volvió de su primera expedición en 1909, y enseguida comenzó a organizar la ampliamente conocida expedición del Endurance. El objetivo era cruzar la Antártida, puesto que Amundsen ya había llegado al Polo Sur en 1911. El Endurance  dejó Inglaterra en agosto de 1914, y puso rumbo a Georgia del Sur, donde pasó un mes en la estación ballenera noruega preparando la última etapa del viaje. Navegaron al Mar de Weddell en diciembre, alcanzaron su máxima posición al sur a mediados de enero y el Endurance quedó atrapado en el hielo hasta noviembre, cuando la presión acabó por fracturarlo y hundirlo.

Para entonces, los hombres llevaban semanas acampados en el hielo, y allí continuaron, flotando en el hielo hasta abril. Entonces tuvieron que hacerse a la mar en los tres botes salvavidas recuperados del Endurance, el mayor de los cuales (el James Caird, de unos 7 m de eslora) había sido modificado para que resultase más marinero. Ocho días más tarde llegaron a Isla Elefante, y quedó claro que si querían ser rescatados tendrían que salir a buscar a los rescatadores ellos mismos porque nadie sabía que estaban allí.

El 24 de abril, Shackleton y cinco hombres cuidadosamente seleccionados abandonaron esa mota que es en el mapa Isla Elefante con el objetivo de alcanzar otra mota, Georgia del Sur, a 600 millas náuticas (casi 1200 km). Estuvieron mojados durante toda la travesía. No podían tumbarse, ni ponerse de pie, ni sentarse cómodamente. El tiempo fue horroroso, y sólo podían tomar su posición ocasionalmente, en muy malas condiciones, a través de las nubes desde su inestable bote. Una mañana vieron al despertar que estaban a punto de volcar por el hielo acumulado en cubierta, que tuvieron que picar. Atravesaron un huracán que hundió un barco de 500 t y finalmente llegaron a Georgia del Sur el 10 de mayo. Estaban, sin embargo, en el lado opuesto al asentamiento noruego de Stromness, y no quedó más remedio que cruzar la isla porque el bote ya no estaba en condiciones de hacerlo a la mar de nuevo. El interior de la isla estaba sin cartografiar y se desconocía el interior, salvo el detalle de que era muy montañoso. Shackleton y sus hombres hicieron unos 150 km en 36 horas, corriendo graves riesgos. Sólo tenían una cuerda. Cuando Shackleton veía que sus hombres estaban agotados les proponía dormir durante una hora, y los despertaba cinco minutos más tarde. Ellos se sentían descansados y no corrían el riesgo de morir de hipotermia. Finalmente pudieron oir las sirenas de las fábricas llamando al primer turno de la mañana.

Las primeras personas que se encontraron fueron unos críos que salieron corriendo al verlos. Entonces se dirigieron a la casa del jefe, pero esa es otra historia. Baste decir que hace 100 años, Shackleton cruzó el Océano del Sur en un bote de 7 metros para salvar a sus 27 hombres.

Para los muy curiosos, mi biografía favorita de Shackleton es la de Roland Huntford. Para los muy curiosos sin tiempo para leer varios cientos de páginas hay un librito precioso que me regaló hace poco mi buena amiga Beatriz, titulado “Shackleton’s boat. The story of the James Caird”.


Brindo por Shackleton, el mejor explorador polar de la historia, en el 100 aniversario de la travesía oceánica más épica de todos los tiempos. 

2 comentarios:

  1. Que bonito que después de tanto tiempo alguien se acuerde con tanto entusiasmo de su gesta

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  2. Bravo Shackelton, y emocionante leer todo esto Elena. La más épica de las travesías, del explorador q no perdió nunca a un hombre y al que, como por obra del destino, se le paró el corazón en South Georgia años después de la hazaña, regresando como un imán al sitio donde se convirtió en leyenda. Elena: te propongo irnos los dos a ver el James Caird a Inglaterra (yo aún no lo he visto) y ahí brindamos. Un abrazo muy fuerte, mi gran amiga Antártica!

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